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Viernes, 08 de Julio de 2011 11:56

Rafael Jordá López

por  Rafael Jordá López
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Rafael Jordá López, autor de: El caballero de Baler, Primer Premio en la categoría de novela."Nada me gustaría más que poder colorear mi biografía y pintar un escenario muy Dickens, en plan infancia torturada, lucha por la existencia y demás. Pero no, nobleza obliga. He nacido y crecido en la parte buena del mundo. Me han sido proporcionadas herramientas que otras personas no han disfrutado y si me quejo habrá de ser de los impuestos, del tráfico y de lo caro que está todo.

Nací en Madrid, en el mismo Chamberí y en 1974. He sido de los que se han aburrido horrores en clase, como casi todos. Eso no ha evitado que estudie la licenciatura de periodismo durante cinco interminables años, seguido de Informática de Sistemas otros tres. Efectivamente no lo tenía muy claro ni lo sigo teniendo. No sé si soy de ciencias o de letras.

El caso es que nada más terminar periodismo tuve la fortuna de hacer las prácticas en la sección de Economía del Telediario de TVE. Aquel trabajo no daba para echar a volar la imaginación escribiendo, pero le daba cierto fuste al currículum. Le siguieron otras prácticas en el departamento de Eurovisión de TVE, afortunadamente era como redactor/traductor de inglés y no tuve que cantar.

El tema del periodismo televisivo no se me dio tan mal ya que enlacé con otro contrato de TVE para el Centro Territorial de Mérida. Fueron dos años magníficos recorriendo Extremadura, haciendo reportajes y hasta ganando un premio de televisión del Consejo Asesor por el reportaje GORILA.

Una vez más tuve suerte. Pidieron voluntarios para presentar informativos y solo yo di el paso al frente. Bien pensado, más que suerte se trataba de inconsciencia. Y resultó que presentar era muy sencillo, lo más sencillo que he hecho en mi vida. Visto el resultado me dijeron de hacer lo propio con la información meteorológica. Me aprendí lo que no sabía sobre isobaras, anticiclones y demás arcanos de tal manera que iba por la calle y la gente que me reconocía y preguntaba por “el tiempo” … gran error. El contrato terminó, era una interinidad que me había permitido estudiar informática con cierto desahogo. Cosa rara, siempre me gustó la tecnología y hasta perdí los papeles por internet en sus comienzos. Al poco me llamaron del telediario nacional de TVE. Se trataba del área de Sociedad y ese era un auténtico “pelotazo”. Luego resultó que consistía en ir a mil ruedas de prensa, a los atascos del verano, a asesinatos y atentados, es decir, que tampoco había mucho margen para escribir. Las noticias son lo que son, es decir, un minuto veinte de texto, unas 160 palabras al día. Para entonces ya había decidido dedicarme a la informática, donde no había paro. La escritura iba a quedar como hobbie.

Saqué mi plaza en la administración como Técnico de Sistemas y ahí sigo. Me volvieron a llamar dos veces para el Telediario y con todo el dolor de mi corazón tuve que rechazarlo. Al final ha sido una decisión acertada. Este trabajo me ha dado una estabilidad y unos horarios que permiten escribir a gusto, ya sea en revistas especializadas, en webs o relatos de todo tipo."

BIBLIOGRAFÍA.

"Tan a gusto estaba con la vida que me decidí a escribir una novela sobre la guerra de Cuba, se llamaba La Noche Más Oscura de Catay, y hasta convencí a mi mujer para ir a las Antillas de luna de miel y tomar notas de la Habana. Este truco no ha vuelto a funcionar.

Teniendo una enfermiza fijación por los perdedores de la historia de España, y tras ver que ese libro auto editado gustaba, me decidí por Filipinas y El Caballero de Baler. También he de decir que en este tiempo he añadido dos criaturas, un niño y una niña, a la familia, y el tercer libro se lo he dedicado a ellos. Se llama Autopsia. Ha sido otra autoedición muy, pero que muy limitada para que la lean cuando sean mayores y puedan burlarse de su padre a gusto.Queda un último libro, otra autoedición y resulta que es la más controvertida. Se llama Sexudario y lo forman varios relatos, alguno de ellos con premio. Son textos del tipo “subido de tono”, sin duda un género menor. Lo último que estoy escribiendo es una novela de terror que ha nacido de las historias que les cuento a los niños y que no son precisamente del tipo Hermanos Grimm."

Más cosas.

"En estos 37 años he ido atesorando una biblioteca que me hace sentir orgulloso, con más de 2.000 libros de todo tipo. Reconozco que por muy informático que sea, por mucha “tecnosexualidad” que sufra en ocasiones, no me veo con un E-Book en las manos. Sigo disfrutando con mis libros, coleccionando y leyéndolos como se ha hecho toda la vida."

PARTICIPAR EN IMPRIMATUR.

"Lo primero de todo será reconocer que, en mi caso, juego con ventaja. Resulta que gracias a una carambola, llevo cinco años siendo jurado en un premio literario. No es Imprimátur, pero nos tiene muy entretenidos. Esto significa que sé perfectamente la sensación que se siente al ver una pila de textos por leer en un rincón, una pila que normalmente tiene el tamaño de un crío de tres años. Durante unos meses solo observarla te provoca escalofríos. Es como tener un pequeño Everest retándote en tu propio salón.
Pero es que ocurre otra cosa. Sabes perfectamente lo que cuesta escribir unas líneas, sobre todo, si el autor se ha documentado para hacerlo. Sabes las esperanzas que se ponen, los cuentos de la lechera que se hacen, la inseguridad y hasta el coste que supone encuadernar y enviarlo todo por correo. Por cierto, aquí he de subrayar en fosforito el hecho de que Imprimátur sea gratis. En los tiempos que corren esta palabra es un bálsamo.

Con todo, cuando eres jurado no puedes desdeñar a los participantes leyendo un par de páginas y ventilándolas poniendo una calificación. Para la mayoría de esos autores escribir es un hobbie, pero sabes perfectamente que no tiene nada que ver con hacer maquetas de aviones o cultivar unos geranios en el balcón libres de pulgón. Es decir, hay que leerlas todas y hasta la última página, y procurar hacerlo sin prejuicios.

Pero todo esto es como parte de un jurado, como participante la experiencia es muy, muy corta. Buscando autoediciones encontré Imprimátur y en un arranque de valentía envié mi último texto. Tuve muy claro que era una temeridad, pero nada había que perder con ello. Siempre he pensado que uno escribe de los temas que le gustaría leer y es muy posible que no coincidas con la apreciación del jurado, con su forma de ver la vida, con su forma de leer y con la temática que les pide el cuerpo en ese instante. Yo, por ejemplo, según me levante y lleve el día, tengo cuerpo de Murakami, de Pérez Galdós, de Bukowski o de Delibes… y ojo, ni soy ciclotímico ni me estoy medicando. Y vaya por delante que no tengo el gusto de conocer a nadie del jurado de Imprimátur, tiempo habrá de hacerlo.

Imposible coincidir con el gusto del jurado. Sobre las preferencias del público te puedes hacer una mínima idea. Puedes darle una vuelta más a los templarios, montar follones con prioratos o con la situación política; puedes escribir sobre un High School de magos, sobre asesinos suecos, sobre vampiros enamoradizos, sobre la Guerra Civil, dragones o problemas de pareja. Pero acertar con un jurado, eso amigo, eso es muy complicado. Conclusión, te tiras a la piscina y que salga el sol por Antequera.

En mi caso y en base a estas consideraciones, siempre he pensado que mis posibilidades eran mínimas. Y todo eso tratando de evitar un peligro muy evidente para un escritor y es que tu texto resulte pretencioso. Todos podemos caer ahí con facilidad. Pensar que somos magníficos escribiendo y que si no gusta lo tuyo es porque la gente que te lee no tiene ni idea.Algo así como “no está hecha la miel para la boca del asno”. Pero es que eso es ombliguismo y no da muchos frutos.

Por eso, porque he visto los concursos literarios desde sus dos perspectivas sólo se me ocurre una cosa. Escribir para disfrutar, porque te guste hacerlo, sin más ni más. Porque te guste investigar, explicarte, ponerte a prueba, pero sin esperar que lleguen premios ni publicaciones y, desde luego, sin frustrarte. Por descontado en este mundo habrá escritores, pintores, artistas de cualquier tipo a los que nunca les sonará la flauta. Que serán magníficos pero que, por unos u otros motivos, nunca encontrarán la forma de demostrarlo. Para ellos, para la mayoría de nosotros, el placer está en la creación. Que luego ganes algún premio y tu madre te “coma a besos” o se lo diga a las vecinas es un regalo inesperado."
 

Rafael Jordá López

Informacion adicional

  • Obra: El Caballero de Baler
  • Categoría: Novela
  • Edición: Tercera
  • Premio: Primer Premio
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