La Blogosfera de Imprimátur
Las minas del rey Salomón, de H. Rider Haggard; así se llamaba. Ese fue el primer libro enteramente de mi propiedad, nunca lo olvidaré. Tendría yo unos nueve o diez años cuando me lo regaló mi padre. ¡Mi primer libro! Hasta aquel momento todo habían sido tebeos y algún que otro comic, todos ellos compartidos con mis hermanos y hermanas, pero un libro... todo lleno de letras, sin una sola ilustración... todo un tesoro para mí. Tres veces seguidas acabé leyéndolo. Y aún lo conservo; algo desgastado y descolorido por el paso del tiempo, pero con todo su contenido y valor emocional intactos. Es la magia que poseen los libros.
Es una simple historia de aventuras, más o menos entretenida, pero eso es lo de menos, podía haber sido otro cualquiera y lo hubiera devorado igual. Por entonces me pareció la más grandiosa historia jamás contada. La primera vez en mi vida que leía tantas letras seguidas en tan corto espacio de tiempo... ¡Tres veces seguidas! No me lo podía creer, ese pequeño objeto de cubiertas amarillas había conseguido lo que ningún otro juguete había hecho jamás. Estaba emocionado con mi tesoro literario... y quería más.
Han pasado muchos años de aquello, y nunca le estaré lo suficientemente agradecido a mi padre. Aquel regalo, más todos los tebeos y comics de mi infancia, seguramente serán los más valiosos presentes que haya recibido en mi vida. La estimulación a la lectura es de las cosas más importantes que unos padres podrán hacer por sus hijos nunca; algo de lo que jamás podrán arrepentirse.
Después de Las minas del rey Salomón han pasado por mi vida muchas otras historias y aventuras de todo tipo. Leyendo he llorado, he reído, me he asustado, me he entretenido, he viajado... pero sobre todo, he aprendido. He aprendido que la vida es mucho más que las cuatro paredes que me rodean, que existen otras ideas, otras gentes, otros horizontes, otras costumbres, todas igual de válidas e importantes. Con un libro entre las manos he crecido como persona, como ser humano individual dentro de un conjunto social e indivisible; he aprendido a respetar, a valorar, a no juzgar, a comprender... he aprendido a Vivir.
El libro es una de las herramientas más eficaces que posee la humanidad del presente para aprender a discernir por sí misma. Ante la sumisión absoluta a un sistema manipulador por parte de la gran mayoría de medios de comunicación de masas, donde sólo prima el poder del dinero por encima de la Verdad, el libro se ha convertido en una vía de escape insustituible: manejable, intercambiable, sin límite de contenido, asequible y con multitud de formatos y estilos aptos para cualquier persona que se interese por algún tema determinado.
Regalen libros, cómprenlos, préstenlos, descárguenlos de la Red; lean por favor, inciten a la lectura a las personas cercanas. Un libro no es sólo un compendio de conocimientos o de historias entretenidas, un libro es mucho más, es cultura, es educación, es crecimiento, es socialización, humanización, es una de las más eficientes maneras de salir de la mediocridad a que nos condena el sistema capitalista dominante. Un libro es LIBERTAD.

escrito por plsalvador, enero 16, 2012
escrito por pilar, enero 16, 2012
escrito por pilar, enero 17, 2012
Sigue siendo, Pedro, aportas mucho a niños y adultos. Gracias a ti
escrito por jjboyano, enero 21, 2012
Yo no alcanzo a recordar, siquiera de lejos, cual fue el primer libro que leí. Son muchos los que me vienen a la cabeza, pero soy incapaz de establecer cronología alguna. Seguramente fue un libro de literatura infantil o juvenil, recuerdo especialmente "Veva", de Carmen Kurtz creo recordar, y "La abuelita en el manzano" de Mira Lobe. Si que conservo, en casa de mis padres, gran parte de la colección de "Los cinco" de Enid Blyton y recuerdo con toda seguridad que hubo un tiempo que me apasionaron Salgari, Dumas, London, Wells y Verne, como a todos, supongo. También me viene a la cabeza Delibes y su camino, "La celestina" de Fernando de Rojas y algo del Arcipreste de Hita, probablemente lecturas obligadas por el maestro de turno. Pero recordar exactamente el primer libro leído, ni por aproximación, y mucho menos conservarlo, aunque quizás si preguntase a mi madre tal vez me diese cumplida cuenta y lo mismo hasta una sorpresa, porque tiene la costumbre de conservarlo todo. En fin, creo que sois unos privilegiados, hablo de memoria.
Por cierto Pilar, yo también leía Roberto Alcazar y Pedrín, El Capitán Trueno, El fantasma, Hazañas Bélicas, por herencia paterna, y hasta alguna novela, más de una, de Marcial Lafuente Estefania, que le tomaba prestada a mi querido tío Pepe, que Dios tenga en su Gloria, y que era lector contumaz de novelas del oeste.
A todo esto, ¿os acordáis de los establecimientos de cambio de tebeos y novelas? No habré cambiado yo, ¡madre mía!, lo que me daban de si los cinco o diez duros del Domingo, lo esperaba impaciente toda la semana, otra costumbre adquirida de mi tío. Es que en Moratalaz había una tienda de cambio estupenda y mi tío era cliente VIP. Vaya, que recuerdos!...
¡Dios mio! Que les estamos legando a nuestros hijos, con tanta Playstation, Nintendo DS, iPod, iPad, WII, XBOX y demás tecno gadgets. ¿Se acordarán ellos algún día de su primer libro? Sinceramente, lo dudo. Una lástima.
escrito por pilar, enero 23, 2012


Yo nací entre dos niños. Yo leía Roberto Alcazar y Pedrín, Sandokan... los cuentos de mis hermanos. A mí siempre me compraban muñecas, cocinitas... y no sabía que hacer con aquellas cosas. Lo que me gustaba de verdad era leer y pintar. El día de mi primera comunión muchos regalos: muñecas, cajas de bombones, un vestidito de hada, otro de angelito... pero un amigo de mi padre profesor de literatura, me regaló una caja. Como era más grande y de forma distinta a las otras, retiré el papel regalo con rapidez: ¡Un libro! Un libro con tapas de corcho y en letras grandes y rojas Don Quijote de la mancha ¡Mi primer libro! Emocionada me fui a un rincón apartado y abrí la tapa: En un lugar de la Mancha... pase esa hoja y después... sólo había bombones. Lloré. LLoré y tiré los bombones al suelo.
Me alegro que conserves tu primer libro como un tesoro.