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La Blogosfera de Imprimátur

Los blogs de los Autores Imprimátur
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TÁBULA RASA

Publicado por: plsalvador

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Volver a empezar, de eso se trata. La idea es partir de cero. Queremos, en fin, hacer borrón y cuenta nueva. O tábula rasa[1], como dicen los más cultos. Ya saben, año nuevo, vida nueva, aunque en esta ocasión estamos a finales de junio.

¿Quién no lo ha hecho alguna vez? ¿Quién no se ha acostado una noche diciéndose «a partir de mañana seré otro»? Estoy hablando de insatisfacción: en un momento determinado no te sientes a gusto contigo mismo y decides cambiar radicalmente. Lo terrible es que casi nunca se consigue. Aunque probablemente no sea tan terrible.                

A nosotros nos ha ocurrido muchas veces y ésta es, por consiguiente, una de tantas. No quiero decir con esto que es menos importante que la primera, ni que no nos lo vamos a tomar en serio, pero sí que no sufriremos un desengaño si fracasamos (por aquello de que ya estamos acostumbrados). Fe e ilusión no nos faltan, que creo son básicas.




SIGLO XXX

Publicado por: plsalvador

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La mesa coyunírica despierta ladeada. Él respinga. La minisex sigue resbalando sensualmente. Artefacto y fémina mezclan sus fluidos epiteliales. La narcosis llega. Dormir. Soñar. Ella entra en su letargo. Parece disfrutar con ello. Se amodorran. El tiempo se  estira. Una eternidad en un minuto. La minisex se despierta y sonríe lascivamente desde el biomueble. La jornada laboral ha terminado. El cliente abre los ojos. Piensa en el insomnio y aprieta las mandíbulas. Emite un chasquido con la lengua. Resopla. Ella vuelve a sonreír. Parece disfrutar con ello. Acto seguido se introduce en la mesa coyunírica, que, aun bien despierta, sigue estudiadamente ladeada.   


CREANDO ESTILO

Publicado por: plsalvador

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Sí, pero, ¿cómo? Hay tanto hecho… Estoy tan contaminado… Si no hubiera leído casi nada, podría escribir sin influencias. ¡Estilo, estilo, estilo! Las palabras ya están inventadas; y tampoco puedo saltarme las normas (porque soy un don nadie). Otra cosa: no me gusta que mis escritos contengan palabras raras. Todo lo más, una de vez en cuando. ¿Qué puedo hacer, entonces? Y otra pregunta: ¿a quién imito? Porque debo de estar copiando el estilo de alguien; es obvio, pues en caso contrario, mi estilo sería original; y no lo es. Una vez me dijeron que escribía como Baricco, pero sin la gracia de aquél. Será eso. El italiano se me adelantó. Aunque lo de la gracia... Yo, hasta hace unos meses, no había leído nada de él. Ahora sí: Seda. Bueno… Alguna semejanza hay. No sé… ¿Tú lo sabes?


EN KIOTO TODAVÍA SE QUIEREN (♦♦)

Publicado por: plsalvador

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La cama está pegajosa y huele a rancio. Y mi pelo también está viscoso, y mis manos y mis piernas y todo mi cuerpo. Y tengo resaca.

A mi lado hay una china y doy por supuesto que ella también está revestida de viscosidad. Sí, seguro que lo está, porque recuerdo vagamente haberlo hecho con ella por lo menos un par de veces a lo largo de la noche, y recuerdo claramente su piel sudada y agridulce.

¿Qué hago yo aquí?, me pregunto, aunque sé perfectamente lo que hago y sé perfectamente que…


SESENTA KILOS

Publicado por: plsalvador

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Yo era feliz…: tenía un trabajo, amigos, una familia y muchas ilusiones. Me gustaba mi trabajo en la carpintería: el ajetreado ambiente laboral, el compañerismo y los ruidosos almuerzos en el bar. Y valoraba altamente a mis amigos: porque pasaba buenos ratos con ellos, porque nunca me habían decepcionado y porque... teníamos los mismos anhelos. Y en cuanto a mi familia: nos llevábamos estupendamente.

Yo era feliz hasta hace unas horas…: casi nunca discutía con nadie, casi nada me inquietaba y… casi siempre me sentía amado por mi esposa e hijas.

«Dos décimos —me dijo—. Este año he comprado dos.»


A mí me hubiese gustado ser un tipo duro, uno de ésos que tan bien interpretara Robert Mitchum, y por eso me hice investigador privado, porque pensaba que así lo conseguiría, que dicho trabajo me ayudaría a superar mis debilidades, pero, aunque llevo casi veinte años en el oficio, sigo siendo tierno como el solomillo. No, mi problema no tiene que ver con la violencia, ni consecuentemente con las situaciones difíciles o peligrosas, y las escenas especialmente horrendas o macabras me dejan frío. Sí, se trata de algo más sutil e íntimo, de una fobia que arrastro desde la adolescencia y que me avergüenza confesar: me dan pánico las relaciones íntimas.

«Es de risa», me digo una y otra vez, pues me consta que la gente piensa que estoy de vuelta de todo, y, aunque es obvio que me he acostumbrado a enfrentarme a situaciones que a otro le revolverían las tripas, en cuanto se trata de enamorar o seducir a una mujer, siento que me descompongo por dentro y fracaso estrepitosamente. Y lo más grave es que con los años la cosa va a peor.

Sin embargo, cuando no intento conquistarlas, cuando me limito a charlar con ellas de persona a persona y no de hombre a mujer, todo va como la seda y hasta me atrevería a asegurar que las encandilo.«¿Qué es lo que falla, entonces? —me pregunté una noche, encorajinado. Y me respondí con inusitada espontaneidad—: Posiblemente la falta de confianza en ti mismo.» Y de ahí la obligada conclusión: lo que me agarrota es el temor a ser despreciado, ridiculizado o traicionado. Quizás porque soy una persona sensible y fiel, aunque no lo parezca, y es que mi aspecto es ciertamente tosco, pues llevo a cuestas una musculosa humanidad que no se corresponde con mi talante emotivo, siendo más bien un legado genético que se equivocó de individuo.


LA GRAPADORA

Publicado por: plsalvador

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Aquel hombre la sacaba de quicio: la seguridad que tenía en sí mismo la ponía histérica y no soportaba su flema. Y lo peor de todo era que no podía prescindir de él. Le necesitaba como un bebé a su madre. Era una situación humillante, odiosa… Y menos mal que se trataba de una persona cortés, afable y extremadamente respetuosa, porque si le hubiera tocado convivir con uno de esos patanes ignorantes… Se estremeció al pensarlo.

—¿Adónde vas?

—Al yate.


DE PELÍCULA

Publicado por: plsalvador

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Isabel entró en la oficina y la secretaria levantó la cabeza de forma automática.

—Me voy a Marbella a pasar el fin de semana. Llámame si surge algún contratiempo.

—Descuide, Isabel. Qué se divierta.


LA VÍCTIMA

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Nada más despertar el miedo le colmó las entrañas y se expandió brutalmente, como un denso chorro de aire caliente, inundando sus miembros y saturando su cerebro; pensó que iba a estallar. Se levantó temblando y sacudió la cabeza para ver si en ella se hacía la luz. Nada. Cojeó hasta el pinar huyendo del sol, y, a cada paso que daba, su nuca recibía una aguda punzada de dolor que le crispaba la expresión. «Debo de haber estado mucho tiempo inconsciente —pensó—. Una insolación, eso es, eso lo explica todo.»

Alzó la vista buscando un rastro de vida. Nada. Sintió los pulmones como llenos de plomo, y le costaba respirar. Apretó los puños con rabia al darse cuenta de que el pánico se estaba apoderando otra vez de él. Respiró hondo. Cerró los ojos y trató de relajar los músculos faciales. Imposible. El desasosiego le atenazaba con mano firme.

 «Que reseca tengo la garganta. Si me quedo aquí, moriré deshidratado.»


EL CASTIGO

Publicado por: plsalvador

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El hermético individuo entró en la casa y miró con cierta repulsa a su alrededor.

—Pase, señor Molins, pase; sígame, haga el favor.

—Espero que no me haya hecho venir en balde: no puedo permitirme perder el tiempo.


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