Siempre tuve la inquietud de conocer la razón de que siempre nos acordemos de las mismas frases. Algunas son de nuestra madre o de nuestro padre, otras son de amigos, compañeros de trabajo, médicos ceremoniosos o alegres compañías. Mi madre siempre me decía: nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy y sonreía para no intimidarme. Mi padre en cambio, me dijo una noche en tono de sentencia que las mujeres no eran de fiar. Nunca entendí lo que realmente me quiso decir o mejor dicho cual fue su intención al hacerlo y pensé que tenía alguna relación oculta que lo había defraudado; mis quince años me hicieron estar desde esa noche, atento a sus malhumores, vida y andares, pensando siempre como todo hijo, en la sublime unidad familiar.
Un amigo me susurraba que a las mujeres las prefería de a dos y me miraba con un evidente gesto de lujuria anhelada. Otro decía que siempre se bañaba por las mañanas para quitarse el sudor de la noche. Un inteligente padrino proclamaba su deseo de permanecer soltero toda su vida, y agregaba que no tenía socios en razón de que las medias eran para los pies.
Otros amigos, me dijeron cosas que aún hoy recuerdo cuando voy a hacer alguna cosa extraordinaria o cuando emprendo algún camino nuevo. A veces me vienen a la memoria frases sin significado especial como las de una doctora amiga que siempre repetía que no confiaba en el alcohol salvo por el líquido que arrastraba los gérmenes: prefería el agua y el jabón.
Todos sabemos cuales son las frases que a veces se nos aparecen y no quisiéramos que eso sucediera pero están allí impías, para recordarnos que no todo es alegría, felicidad o simple rutina. También está el lado oscuro de nuestras vidas, el rato que sufrimos aguantando quejas sinceras o no, las palabras finales de alguna conversación con un amor imposible o trunco, el gesto acompañado de una frase chocante con la que se nos echó de nuestro trabajo o la frase sencilla con la que se nos comunicó la pérdida de un examen. Creo que más allá de esas palabras importantes que recordamos una y otra vez, hay cosas banales, estúpidas si se quiere que nos acompañan para decirnos que somos humanos, tontos y básicamente seres simples.
La memoria nos dice que quizás el ser humano ha venido recordando cosas sin aparente sentido práctico o sin un significado trascendente, por que sabiendo nuestro destino final que es trágico y anunciado, nos acompañamos con la memoria de los demás, sus frases tontas, sus dichos y sus alegrías y pesares.
Lamentablemente nos acompañan algunas frases duras:la terrible sinceridad de una persona amada que te dice que a partir de ahora seremos amigos y nada más, el insulto injustificado de alguien que no comprendió o malinterpretó algunas acciones personales. La única frase que no puedo entender ni justificar me la dijo un amigo íntimo, de esos que se cuentan con los dedos de una mano, de manera incomprensible y de una crueldad que creo no imaginó. Frente al féretro de mi madre, el día del velorio, me miró con aire de complicidad y susurró: no tenés necesidad de llorar tanto ni quebrarte, creo que estás haciendo teatro.
Lo miré turbado y me puse a pensar más allá del natural rechazo que provocaron sus palabras, si yo en realidad daba esa impresión, si el dolor que me desgarraba era real o era el dolor que yo quería transmitir a la cincuentena de familiares y amigos presentes esa tarde fría de un atroz invierno. El había perdido a su madre hacía un año y me parece ahora y hace años que pienso lo mismo, que se sintió molesto, que envidió mi dolor; que él no sintió lo mismo y que por eso y sin más maldad que la de un comentario de amigo, me comunicó lo que pensaba sin darse cuenta que hace veinte años que de tanto en tanto, me pongo a pensar que pudo pasar por su cabeza al ofenderme de esa manera y en ese momento casi teatral de un velatorio. No hay nada que no pueda ser objeto de envidia.
Nunca pude superar la muerte de mis padres: es un dolor cruel y quizá innecesario que nos trae la condición humana y que la hace infeliz desde el momento de se toma conciencia que lo que uno más quiere en el mundo va a desaparecer.