DAVID
Fue la primera vez que vi a David tan temprano. Como si supiera que esa mañana me despertaría antes del amanecer con la bulla que metían todos, en especial esa ambulancia en la que mi mamá y mi hermana subieron a mi papá.
No sé cómo se enteró, pero me gustó mucho verlo entrar a mi habitación cuando estaba a punto de ponerme a llorar.
—Mira mis caracoles —me dijo—, los hallé entre las plantas de tu mamá —y se sentó a mi lado en la cama.
Yo no podía hablarle, pero eso nunca le importó. De hecho, era lo que más me gustaba de estar con él. No necesitaba decirle nada.
De pronto, y con desesperación, entró mi hermana.
— ¡Apúrate, Andrés! —me dijo— ¿O piensas quedarte aquí solo?
J C Barredo