El experimento literario que os propusimos en el foro va viento en popa y cada vez son más los usuarios que se deciden a escribir en Sigue el relato.
La historia de Sophie que comenzo monga se empieza a complicar. Con 12 respuestas hasta el momento, bueno 13, porque una de Alex se nos perdio, pero la publicaremos en un compendio. Gracias a las contribuciones de admin, ebanux, el Chache, Roskat, y Ana, el relato sigue su marcha y por ahora no esta nada mal...
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Aquí dejamos un compendio de la historia de Sophie hasta el momento.
Sophie se levantó raudamente de la cama, se aseó y bajó a desayunar. Allí en la cocina se encontraba su madre, que le estaba preparando a su pequeño gran retoño unas dulces tortitas con miel. Desayunó degustando cada milímetro de porción carbohidratada y acudió como cada día al instituto.
El próximo autobus aun tardaria media hora en pasar, su madre se enfadaria como cada vez que lo perdia y llegaba tarde a comer. Si no te entretuvieses por ahí no se te quedaria la comida fria, le diria como siempre. Aunque quiza esta vez no fuese así, total su casa quedaba a cinco manzanas del instituto y si corria un poco quizas llegase antes de lo que tardaria el siguiente autobus. Con suerte en media hora estaria en su casa y seguro que esta vez no quedaba nada en el plato después de semejante carrera. Sin pensarlo más se lanzo en una frenetica carrera, la meta, que su madre no se tuviese que enfadar de nuevo.
Sophie emprendió una carrera a trompicones hasta su casa, acompañada por el arítmico latido de su corazón. Cuando apenas hubo recorrido dos manzanas de distancia, percibió un estrepitoso sonido, procedente de una papelera que moraba en el camino. Paró en seco su cuerpo, se secó el sudor de la frente y acto seguido se acercó cautelosa hasta ella.
De repente, algo negro saltó del interior de la papelera arrastrando consigo papeles, vasos aplastados de algún fast food y bolsas de plástico arrugadas... ¡Maldito gato! ¡Qué susto!, si ya tenía las pulsaciones por las nubes... ahora esto. Iba a volver sobre sus pasos cuando vio algo de reojo, una luz, un brillo surgía del fondo de la papelera... cautelosa se inclinó sobre ella para atisbar en su interior...
Lastima, sólo era la chapa de un jamón, esa que pende de un cordon atado a la pezuña de la pata de un jamón. Habia pensado, que se yo, que seria una condecoración de un viejo soldado, la medalla de un deportista, un colgante de esos con la imagen de algún santo. Su imaginación portentosa le habia jugado una mala pasada esta vez. ¿Sólo esta vez?..
La verdad es que no era la primera vez. Siempre le jugaba estas pasadas, aun así tomo la chapa en sus manos y la guardo en su bolsillo. Le serviria para recordar que debia fiarse menos de su desbordante imaginación y ser más realista cómo siempre le decia su madre. Miro el reloj y vio que al final llegaria tarde. Reemprendio su alocada carrera sin mirar atras y pensando en llegar cuanto antes.
Finalmente, agotada y agitada llego a su casa. Al final sólo llegaba diez minutos más tarde de lo habitual, tampoco era para tanto, llamo al timbre. Su madre a parecia al cabo en la puerta -que te ha pasado esta vez Sophie-, le espeto según la vio. Sophie bajo la mirada -nada, perdi el autobus, me despiste...-, contesto.-Ahy! mi pequeña Sophie, eres un desastre, anda pasa ya, la comida esta enfriandose en la mesa-, le dijo su madre.
Tras engullir unas sabrosas albóndigas con patatas, acompañadas de la visión de su serie de dibujos favorita, fregó los cacharros y subió mochila en mano a su habitación. Nada más entrar dejó caer su cuerpo por inercia en la cama. Cerró los ojos, con el fin de facilitarle el trabajo a Morfeo y descansar de su jornada estudiantil. Pero a los pocos minutos una luz proveniente de su macuto la obligó a abortar "la misión siesta". Pegó un salto del catre y observó defraudada que la luz se había extinguido. Igualmente se acercó hasta la mochila, la abrió, tomó entre sus manos la chapita del jamón y la tiró con desgana a la papelera.
Miró la chapita en el fondo de la papelera y se sintió liberada, era un peso que se quitaba de encima, no sabía decir desde cuando tenía aquella mala costumbre de recoger y guardar todo lo que encontraba… bueno también estaba la mala costumbre de perder siempre el autobús… la mala costumbre de comer, tragar, engullir… ¡qué narices las cosas por su nombre! devorar la comida, ya fuese la de su madre, la del bar de la esquina o la del Burger King, a partir de hoy se acabó el síndrome de Diógenes, la bulimia, vivir en los mundos de yupi…, a partir de hoy Sophie sería una nueva Sophie…
Pero no le iba a ser tan fácil dejar de ser ella misma. Cada segundo su imaginación pintaba los átomos de óxigeno, nitrógeno y argón, teletransportándola a un lugar mejor, donde no existía ninguna preocupación y todo era fácil. No deseaba privarse de sus quimeras personales, pero sí poder controlarlas para evitarse algún que otro problema.Al rato se escuchó a su madre anunciando a los cuatro vientos que pasaría la tarde en la peluquería. Tomó el auricular del teléfono y marcó el número de su mejor amigo Ryan.
El télefono dio tres tonos seguidos. Ryan era el único amigo que tenía móvil. Bueno, admitió Sophie para ella misma, era el único amigo que tenía, en general. Sophie miró la pantalla líquida del teléfono, distraída, y descubrió que había marcado mal el último número: en vez de un 8, había pulsado el 5. Antes de colgar, al otro lado de la línea se escuchó un "diga", y Sophie se quedó paralizada.
eh, ¿Ryan?, perdón creo que me he equivocado...
No pasa nada, al fín y al
cabo, llamas porque sólo necesitas contar algo a alguien pues, ¡cuentamelo a
mí!.
Fué increible, pero creo que esa persona anónima tenía razón, sólo
quería que me escucharán y así fué como comenzo mi relato.
Verás, no sé quien eres y porque te permites el lujo de creer que yo necesito
hablar contigo -dije, entonando la voz para que pareciera haberme sentido herida
en mi amor propio, cuando realmente lo que estaba deseando era decirle a ese
perfecto desconocido, que a partir de ese momento mi vida iba a cambiar - y
cambió, pero no sabría explicar que casualidad o causalidad hizo que esto
sucediera-
Sonrió, me has llamado tú...
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