"Nací un 27 de junio de 1953. Dijo mi madre que fue un día lluvioso, preámbulo de un verano que amenazaba ser el más intenso de los últimos años. Siempre he creído que somos marcados por el tiempo que prevaleció el día de nuestro nacimiento, muy probablemente más que el influjo de los astros. ¿Cuándo miré por primera vez con conciencia un día soleado, una tarde crepuscular, una lluvia de estrellas? Me hubiese gustado saberlo para tener bien clara esa fecha como el nacimiento de mi capacidad sensitiva. Mi niñez fue feliz, muy feliz.
Tendría ocho años de edad cuando, un domingo como tantos pero también como ninguno, mi señor padre leía a sus amigos con voz llena de orgullo, un poema que yo le había escrito a un pajarillo que encontré moribundo tras caer éste de un árbol.
Lo llevé a casa y le prodigué mis mejores cuidados. Todo fue inútil para él pero marcó un destino para mi persona. ¡Había nacido un poeta dentro de mí! En efecto, esa fue la oración que mi padre utilizara para referirse a mi faceta naciente e inexplorada: “Mi hijo va a ser poeta” Cuántas veces la imagen recurrente de aquel día se ha repetido en mi cabeza. Su mirada brilló como nunca, y mi corazón, latía fuera de control.
Al morir mi padre pocos años después, tuve que construirme un santuario, una estratagema, una forma de vida oculta y aislada en un ostracismo aterrador, pues su recuerdo era más vivo que la realidad cotidiana. Yo hablaba con él, le contaba, le bisbisaba al hombre que caminaba a mis espaldas muy cerca, dándome palmadas de aliento para seguir adelante.
A partir de ese momento, una convicción se fortaleció en mi interior. ¡Amaba la literatura!
El tiempo pasó en mi juventud más rápido que una ráfaga de viento. Sin embargo, ello no obstó para que todo lo viese a través de tan maravilloso lente y lo plasmara en papel de muy diversas formas. Surgieron así los bocetos de novelas, de relatos cortos, de poesías que se sumaban en un carrusel interminable de pensamientos armónicos unos y desarticulados otros.
Me di entonces a la tarea de estudiar técnicas de versificación y corrección de estilo, dando por resultado una explosión de ideas, aunque no mucho avance en la calidad de mis composiciones. Para ese entonces culminé mi carrera universitaria, Ingeniero Industrial y de Sistemas, la cual me proveyó de una disciplina y estructura mental que mucho me ha ayudado en el metódico y a su vez espontáneo quehacer poético.
Llegó la hora de unir mi vida a Patricia, mi esposa, intensificando mi pasión por la poesía y un irrestricto amor a la literatura universal. La llegada de mis dos maravillosos hijos, Arturo y Patricia del Rocío, quedaron plasmadas en un par de poemas que me han acompañado desde siempre. Así, mi vida caminaba en un destino de trabajo, de responsabilidades cumplidas y de apego a dos de mis grandes vocaciones: esposo y padre.
Tuvo que sobrevenir un evento dramático y conmovedor para arrancar de lleno y sin descanso lo que intento sea mi vida. La partida de mi señora madre me dejó demasiadas dudas existenciales, múltiples heridas y una sola tarea: la de construirme, por segunda ocasión, una razón que le diere sentido a mi vida personal, ya que las facetas de mi matrimonio y el impulso a la formación de mis hijos, estaban en plenitud.
Junio del año 2000, me desbordo sin control sobre el teclado de mi computadora, y escribo dos libros a la vez. A la par, un poemario a la muerte de mi madre complementa la cascada de explosión creativa, pues terminando los dos primeros libros, doy inicio al tercero y así sucesivamente. Era como prender un cigarrillo con la colilla del anterior. Así, llegué al número diecinueve (omito bibliografía por el momento).
Pasados los años, decidí crear mi propia editorial y publicar así mi primera novela, continuando posteriormente con relato corto. Los lotes de producción fueron suficientes para alentar mi proyecto, el cual prometía una proyección importante en diferentes ciudades de la República Mexicana. Lamentablemente, al pretender ser publicado por editoriales de renombre, lo cual bien pudo haber sido un error, propició que las constantes negativas me orillaran a bajar mi ritmo de producción.
Para agosto del 2010, floreció la ilusión y convicción por retomar el proyecto que parecía adormilado. Decidí entonces incursionar en dos vertientes: La primera, a través de un blog personal con el único objetivo de ofrecer a jóvenes escritores, las oportunidades que para mí fueron negadas. Es como surge Literalia México (www.literaliamexico.blogspot.com), cuyo crecimiento galopante rebasó todas mis expectativas, alcanzando en los primeros diez meses más de 17,000 accesos provenientes de una treintena de países alrededor del mundo.
La segunda, buscar una plataforma de producción y venta a nivel internacional, con las opciones que el mundo moderno requieren: libro electrónico e impresiones físicas a domicilio (www.palibrio.com), siendo mi novela, 20 años después, la elegida. Ésta se constituye como mi primer libro en venta a nivel internacional. La siguiente producción en puerta, es: Antología Poética Literalia México y sus amigos, libro en el cual contemplo presentar parte de mi obra en éste género, así como la de grandes amigos escritores, noveles y consagrados, tanto del continente americano como de algunos países de Europa.
Sin embargo, el día 20 de junio del 2011, lo considero un parte aguas en mi vida, pues me entero de haber ganado mi primer premio (Poesía) y tercer lugar (Relato Corto), bajo el auspicio de Certámenes Literarios Imprimátur, a quien debo esta oportunidad de oro.
Ésa es mi vida. Un caudal de ilusiones y de trabajo incesante que me ha brindado grandes satisfacciones, así como el fortalecimiento de una voluntad inquebrantable. Mi compromiso, sólo uno, que es participar en una visión de literatura comprometida con la Naturaleza, la Humanidad y un razón de entender mi vida terrenal."
Arturo Juárez Muñoz
MI ENTRAÑABLE EXPERIENCIA DE HABER PARTICIPADO EN EL CERTAMEN IMPRIMÁTUR
"Cuando se desea expresar todo lo que significa una experiencia como ésta, las palabras parecen galopar a alta velocidad y traslaparse las ideas. Jamás he tenido una inclinación por creer que el destino es un camino preestablecido para cada uno de nosotros, pero el haber conocido a Imprimátur se ha significado en un momento trascendental en mi vida, pues hoy se erige como la mayor oportunidad de toda mi existencia.
A más de haber conocido a personas maravillosas durante la Segunda Edición (entre ellas Zara Patricia Mora Vázquez y Lorea Otsoa Honorato), es que decidí participar en las tres categorías con una convicción jamás imaginada.
Su esquema de concurso, foros de intercambio de ideas, sistema de votaciones, pero fundamentalmente el ambiente de camaradería y respeto que privan en los certámenes, es verdaderamente excepcional. Como tejido por manos celestiales, cada característica se constituía en mi máximo anhelo. Pareciera que todo estaba diseñado para proveerme de la oportunidad por siempre soñada.
La calidez del equipo Imprimátur para apoyarme en los problemas técnicos de envío de mi trabajo; la actitud siempre positiva y propositiva de sus moderadores; la siempre importante y trascendente labor de crítica y a su vez apoyo de sus miembros estelares (omito lista para no ser injusto con alguno), y todo lo antes mencionado, conformaron un marco esplendoroso para que hoy diga con orgullo y convicción que es uno de los sistemas de concurso más evolucionados y acordes a la promoción e impulso de la literatura a nivel mundial.
Huelga mencionar las debilidades de los esquemas clásicos de jurados sin rostro, participación masiva envuelta en el silencio de la ignorancia total, la mar de incertidumbre y frustración que provoca el no saber siquiera si nuestro trabajo tuvo un valor a la vista de los demás competidores.
Como amoroso y agradecido acto de justicia, hoy promuevo en mi blog Literalia México, la Cuarta Edición de Certámenes Imprimátur, y estoy invitando directamente a jóvenes escritores de diferentes países a que se animen a participara y fortalecer así, a la que reconozco como una gran familia y comunidad internacional.
¡Gracias a todos los miembros de Imprimátur, sin distingo alguno para nadie, pues estoy convencido que han hecho muchísimo para llegar aquí, pero poco para agotar la interminable tarea!"
Arturo Juárez Muñoz

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